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Élite, la serie de Netflix que ves a escondidas, resulta que es una muy buena serie

Proponemos el hashtag #YoTambiénVeoÉlite para todos los viejuners que nos hemos enganchado.

Si tienes edad para acordarte o has visto aquel anuncio en que un profesor estirado exigía a los alumnos que confesaran quién era el dueño de un condón, entonces entenderás este paralelismo con Élite, la serie de Netflix. Uno a uno pueden ir levantado para reconocer que sí, que a los taitantos se han enganchado a esta droga dura juvenil. Yo. Yo también. Y yo. Y yo más.

Le puedes echar la culpa a tu sobrina la influencer, a la tremenda campaña de marketing, a que te creías que era la nueva temporada de Rebelde… O puedes leer esta nota y cargarte de argumentos para defender en tu próxima conversación sobre series que Élite es mierda de la buena. A ver, ya lo hiciste con el Operación Triunfo de Amaia, que no nos conocemos de la filmoteca. Te lo contamos con puntitos por si lo quieres imprimir en fichas. Y apunta el hashtag, #YoTambiénVeoÉlite porque:

Porque se fuma todos los prejuicios

Lo mejor de Élite es que se aproxima al universo adolescente sin paternalismo. Como ocurrió con la primera temporada de 13 Reasons Why, bucea en las motivaciones y en la personalidad de este grupo de muchachos reventando clichés y maniqueísmos trillados. ¿Es esto una excusa para aprobar que muestre a un retrato de la juventud bañado en alcohol y drogas y con escenas de sexo explícitas? No, es subrayar la idea de que esas cosas no desaparecen por cerrar los ojos delante de ellas. Y que, aunque suene a broma, los desnudos son tan espléndidos como justificados, porque el grado de pudor y de cachondeo define perfectamente a los personajes.

Además, no estamos ante un documental, sino ante una ficción que es sensual, es morbosa, es atrevida y también es romántica e incluso didáctica. Porque, y cuidado que viene un pequeño spoiler, estoy convencido de que esta serie va a hacer más por la visibilización de las personas con VIH que mil campañas. Lo fresco y lo relevante es que el personaje con VIH no está atormentado por ello, sino que el problema radica en el miedo y en la culpa vicaria que transmite su familia. Y eso tiene mucha más importancia que el discurso acomplejado de cualquier asociación random que se queje porque se ve una teta, un trío o un churro… Ok, o las tres cosas a la vez.

Al estilo de una de las series más populares de España Física o Química en sus primeras temporadas, Élite pone sobre la mesa un buen puñado de temas tabú (racismo religioso, sistemas de educación empresarializados, diversidad en la orientación y en el gusto sexual…) y los estructura a través de conflictos bien armados. Lo mejor es que no cae en el artificio de arrojarlos sobre personajes de buen corazón, que es lo típico en este género, sino que la movida surge también de sus propias inclinaciones de moral dudosa.

Porque la historia va rápida

Todo lo anterior está muy bien, pero no es suficiente para montar una trama entretenida. Para crear ese gancho que tira del interés del espectador durante los ocho capítulos, Élite se apoya mucho en la estructura de 13 Reasons Why o de The Affair: arranca la primera escena con un caso de asesinato y todo es un flashback que va dando pistas sobre qué ha sucedido, con escenas de los diversos interrogatorios para ir juntando pistas.

Sobre esa columna principal, que está muy vista pero resulta útil, se vertebran las historias secundarias que son las que realmente funcionan, porque están todas cruzadas. Un ejemplo: hay un enfrentamiento entre la alumna mexicana y la de origen árabe pero no por cuestiones racistas, sino de ambición profesional, y eso se mezcla con una trama romántica que por un lado toca con una de consumo de drogas, por otro con una de identidad sexual y por otro un conflicto de hijo adoptado. Y en mitad de esa maraña, tú atrapado diciendo “qué fuerte”.

Porque los actores lo hacen muy bien

Aquí el acierto viene tanto por casting como por dirección. María Pedraza, Miguel Herrán y Jaime Lorente son los reclamos por La casa de papel, han logrado esa posición porque son tres fieras interpretativas y aquí marcan el tono de todo el elenco. Los actores cuentan que, antes de empezar a grabar, se encerraron durante un mes y medio con Ramón Salazar, el director de Piedras entre otros películas, para profundizar en los conflictos de los personajes, y ese trabajo previo se nota porque aporta claridad a sus intenciones: cada uno sabe a lo que va en cada momento y se estampa contra los obstáculos con mucha verdad. Y se remata con unos diálogos y unas actitudes que rezuman verosimilitud para cualquiera que trata con personas de esa edad.

Porque está muy bien hecha

No vamos a utilizar esa frase ya superada de “no parece española”, pero Élite encaja en ese concepto de las nuevas series que ya vienen envueltas en papel de regalo para mandarlas al mundo entero. La evidente libertad en el presupuesto la aleja de todo lo que se había hecho en España en ficción juvenil para acercarla al estándar de la saga Tres metros sobre el cielo, con las que comparte productores y solvencia estética. Que no te extrañe si a la salida de alguna de las fiestas cool de Élite te encuentras a Mario Casas.

Porque la música es excelente

Este apartado refuerza toda la idea de esta nota: Élite es una serie para adolescentes y jóvenes, ok, pero va también por el público viejuner (la generación nacida entre 1975 y 1987, así a ojo). Que me expliquen si no por qué me he visto tarareando un Forever Young, y un Tú por mí, yo por ti de Christina. Todo eso mezclado con temazos actuales, de La casa azul a C. Tangana o Rosalía pasando por WAS, James Blake o la propia Danna Paola. Una banda sonora a la altura de Gossip Girl The OC con raíces indies y traperas.

Porque es española

Es probable que si has leído esta nota hasta el final es porque te has enganchado a Élite tengas la edad que tengas, y eso ya tiene mérito. Lo alucinante es que sí, ok, tú eres de Córdoba o de Guadalajara (España), pero es que en este instante hay gente viendo Éliteen Córdoba (Argentina) y en Guadalajara (México), en Viena (Austria) y en Osaka (Japón), en Dildo (Canadá) y en Kagar (Alemania). El mundo tiene ciudades con nombres de broma, y podemos afirmar sin broma alguna que en todas ellas hay seguidores de esta serie española. Élite fue, junto a La casa de papel, la serie más destacada en el último macroevento de Netflix celebrado en Roma, y no tardará en entrar en la lista de las más vistas de habla no inglesa. Otro paso más en la confirmación de la edad de oro de las series españolas.

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